La excelente máquina de las excusas

Se dice que el cuerpo humano es la máquina más perfecta que existe hasta la fecha. Pues la mente humana también lo es, y en especial perfecta para crear excusas.

Además, la máquina de las excusas es también de las más creativas que funcionan en nuestra cabeza. Cuando hablamos de creatividad, parece que lo limitamos a las personas que tienen una profesión creativa, que crean algo, como los artistas, los inventores o los creativos publicitarios. Pero como bien se explica en muchas clases de creatividad, todos somos creativos en el momento en que encontramos una solución a cualquier tipo de problema.

La máquina de las excusas es el mejor ejemplo de la capacidad humana para crear. Desde pequeños ya inventamos cualquier excusa para no ir al colegio o para explicar que no hemos hecho los deberes. Típica escena de película en la que el niño acerca el termómetro a la luz para calentarlo y con la excusa de tener fiebre quedarse en casa sin ir al colegio.

Debo matizar que de pequeña era tan buena estudiante y obediente que no activé mi máquina de las excusas para no ir al colegio, pero si puedo asegurar que, como la mayoría de nosotros, ha acabado funcionando a pleno rendimiento.

Mi propósito actual es levantarme cada día una hora antes para escribir. Con este objetivo de partida, este es el funcionamiento de mi máquina de las excusas:

Empieza a cargar motores antes de ir a dormir, cuando llega el temido momento de programar la alarma del día siguiente.

  • Mañana tendré un día complicado, mejor dormir más y así tener fuerzas.
  • Hoy he trabajado mucho y necesito descansar más.
  • Tengo la regla y estoy cansada. Mañana me convendrá tener unos minutos más de descanso.
  • He estado leyendo hasta tarde, y como ya es una actividad que cuenta para mi desarrollo, ya compensa.
  • He tenido cena, es tarde, la vida social también es necesaria. Mañana no me levanto antes.
  • Me presiono demasiado. Ya trabajo muchas horas al día, hago muchas actividades. Levantarme una hora antes y ponerme a escribir es una auto-obligación que no debo ponerme. Necesito un respiro.
  • El descanso y el sueño son claves para tener energía. Una hora menos de sueño es demasiado.
  • Es muy difícil irme a dormir a las 10:30h. El ritmo de vida va en contra de mi objetivo.

 

En el caso de que finalmente ninguna de estas excusas funcionan (a veces, sólo a veces no funcionan), la alarma suena una hora antes de lo habitual. Sucede esto:

  • Uf, tengo sueño, no he descansado suficiente. Necesito dormir más.
  • Hace mucho frío fuera, mejor me quedo en la cama un rato más.
  • Tengo sueño.
  • Uy,  qué cansada.
  • Tengo mucho mucho sueño.

Mi máquina de las excusas justo al despertarse no es tan hábil para encontrar argumentos, pero en realidad, son de mayor peso. Así que aunque haya menos excusas, se acumulan con los pensamientos de la noche anterior y me quedo en la cama. Pegada entre las sábanas.

También hay días que la máquina no funciona bien. Pongo la alarma a la hora necesaria para escribir, suena el despertador y me levanto. ¡Sí, sucede!

Y luego sale la excusa perfecta: Necesito hacer yoga.

Es una única excusa, pero como la máquina de las excusas es perfecta, y aunque esté dormida, encuentra la solución perfecta, el argumento más potente, la última oportunidad para evitar que consiga mi objetivo. ¿Cómo voy a decirle que no a una práctica matutina de yoga?

Siguiente proceso de excusas, aquí con los motores de la máquina  a pleno funcionamiento.

  • Puedes hacer las dos cosas. El yoga te hace sentir bien. Empieza con el yoga y ya escribirás después.
  • Estás haciendo una buena práctica, sigue con ella
  • No te estás concentrando, necesitas continuar con la práctica para empezar bien el día.
  • Antes de acabar,  trabaja la parte del cuerpo que tienes tensa. Es importante.
  •  No te olvides de estar unos minutos en meditación para asentar los beneficios de la práctica y acabar de calmar la mente
  • No te estás concentrando en la meditación. Sigue intentándolo.
  • ¿Qué hora será?

Y suena la siguiente alarma que me indica que es hora de prepararme para ir a trabajar.

Y así día tras día.

Hasta que  algún día la máquina flaquea. El día en el que el objetivo es más fuerte que cualquier otro factor, máquina o impedimento. Ese día en que ves las cosas muy claras. Esos días en los que te dejas llevar por tu GPS interior. Como hoy. No he hecho mi práctica de yoga, pero he escrito.

La máquina de excusas no es perfecta. De momento, sólo conozco una máquina perfecta. El cuerpo humano. El resto sólo son excusas.

¿Y tú, eres más fuerte que la gran máquina de las excusas?

La pregunta es retórica, claro. Sólo hace falta que le des el valor que se merece a tus objetivos. ¡Adelante!

 

 

(Post original publicado en Vidas de Fantasía)

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